Los vientos de cambio de los años sesenta del
siglo pasado, televisión y cine mediante, se expandieron por doquier. Algunos
lugares y sectores sociales se transformaron en íconos, como sucedió con los
jóvenes estudiantes de París del 68. Sin embargo, es menester insistir que en
todos los continentes hubo expresiones de la tensión entre quienes demandaban renovar
lo existente y aquellos que se negaban a modificarlo. Eterna disputa, en todo
caso.
En Chile, en el ámbito musical, esta tensión
es la que se manifestó entre los cultores del canto campesino tradicional
(paisajista en gran medida) y los que auparon la incorporación del contenido
social en la canción de raíz folclórica. Estos últimos, los renovadores, contaron
con un adalid de fuste: Violeta Parra. Y, acompañándola, el movimiento de la
Nueva Canción Chilena. Nadie quedó (o pareció quedar) al margen de la disputa.
Ni siquiera los músicos ligados a la academia. Así se entiende la colaboración,
exitosa por lo demás, entre el grupo Quilapayún y un discípulo del docto
Gustavo Becerra-Schmidt (igual que Sergio Ortega, otro personaje del que
hablaremos en su momento): nos referimos a Luis Advis Vitaglich, iquiqueño de
origen y filósofo, además. Efectivamente, aunque Advis comenzó en el mundo de la
“música sinfónica”, sus amplias inquietudes lo llevaron a trabajar en formatos
más populares y masivos (teatro, cine, folclor), hasta que dio origen a una de
las obras musicales cumbre del país, y expresión simbólica del llamado canto
comprometido, con la “Cantata Santa María de Iquique” (1969), que originalmente
contó con la interpretación de Quilapayún y los relatos de Héctor Duvauchelle.
Luego vino el “Canto para una semilla” (con Inti Illimani, Isabel Parra y
relatos de Carmen Bunster), la sinfonía “Los tres tiempos para América”
(nuevamente con Quilapayún y, esta vez, con la española Paloma San Basilio).
Otros trabajos de Advis lo vincularon con figuras tales como Margot Loyola, Alejandro
Sieveking, Silvio Caoizzi, Miguel Littin.
Sin embargo, estimo mucho menos conocido el
trabajo de Luis Advis en el ámbito de la música popular no folclórica y con
artistas que, en su momento, se vinculaban con la masividad de la radio y la
televisión o de diversos festivales de la canción. Ahí es donde encontramos el
romántico tema “Nuestro tiempo terminó”, que obtuvo en 1972 el segundo lugar en
el Festival de la Nieve de Farellones y que orbita en torno a la ruptura de una
relación de pareja (“ya te has ido, ya no estás”) y a esa angustia de no saber
si habrá alguna posibilidad de reencuentro (“por si nunca más volviera a
encontrarme en tu mirada”). Los primeros intérpretes a los que escuchamos esta
obra fueron Gloria Simonetti (quizás la más conocida) y a Carlos Barrios, de
nombre artístico Villadiego, que en su época fue portada de la juvenil revista
Ritmo y que, en 1972, en el Festival de Viña del Mar, defendió a la
descalificada canción (por supuesto plagio) “La Violeta y la Parra”, de Jaime
Atria. Tenía Villadiego una voz portentosa y una carrera exitosa, que se perdió
sin una explicación conocida (aunque hay quienes han dicho verlo en un programa
de televisión en Valparaíso). Si bien circulan por ahí versiones muy sentidas e
íntimas (Fernando Ubiergo), aparte de las de Simonetti y, en los últimos años,
de Luis Jara, es Villadiego el que me transmite mejor ese telúrico instante en
que se brama a los cuatro vientos que se ha perdido lo que uno más amaba, y que
Luis Advis musicalizó en bella partitura: “yo te dejo en mi canción ese gesto
sin retorno de mi piel que te quería”…
Nuestro tiempo terminó
Nuestro tiempo terminó,
Nuestro tiempo terminó,
noche amarga me rodea.
Y estas horas de silencio
me oscurecen el camino.
He quedado sin tus labios,
tus ojos, tu sonrisa
y no sé dónde encontrarte,
ya te has ido, ya no estás,
ya te has ido, ya no estás,
qué difícil es quererte tanto,
nuestro tiempo terminó.
Por si nunca más volviera
a mirarme en tu mirada,
por si nunca comprendieras
la razón de mis palabras.
Yo te dejo en mi canción,
ese gesto sin retorno,
de mi piel que te quería,
ya te has ido, ya no estás,
ya te has ido, ya no estás,
qué difícil es quererte tanto,
nuestro tiempo terminó,
nuestro tiempo terminó,
nuestro tiempo terminó.

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