martes, 20 de junio de 2017

Patrimonio de exportación

(Artículo que publiqué en enero de 2010 en www.elmostrador.cl, por lo que las cifras están desactualizadas, aunque al ojo estimo que pueden no haber variado mucho)

En la página web del Servicio Nacional de Aduanas (www.aduanas.cl) se puede revisar una gran cantidad de estadísticas sobre el comercio exterior de Chile. Para un ignaro, como yo, aquellas cifras y denominaciones son como para marearse, por lo que sólo haré unos mínimos alcances de lo que al pasar (al voleo) pude inferir de algunos datos que espero no haber interpretado mal.

En primer lugar, que las exportaciones de Chile al resto del mundo, entre enero y diciembre de 2009, sumaron un total de 49.938,2 millones de dólares (para los curiosos, en el mismo período las importaciones totalizaron 38.826,1 millones de la moneda estadounidense). Si comparamos con el monto total de lo exportado durante el 2008 (69.095,3 millones de dólares) podremos señalar que en el año que acaba de finalizar (2009) la venta de productos chilenos al extranjero perdió alrededor de un 28 por ciento: ¿la crisis que le llaman?

En segundo lugar, cómo no, los datos muestran que los mayores ingresos de la exportación se generan por la venta de cobre y sus derivados: poco menos de la mitad del total.

En tercer lugar, la variedad de productos que se exportan desde Chile resulta asombrosa para quien no está acostumbrado a mirar dichas estadísticas. A los consabidos metales, vinos, uvas, salmones, merluzas, manzanas, etc., se agregan, por ejemplo, despojos de animales, goma base para la fabricación de chicle, carraghenina (les dejo como tarea averiguar de qué se trata este producto de nombre tan raro), el cuestionado aspartame, calzones, preservativos y parches curita. ¿Quién lo diría, no?

Por último, alcancé a percibir que las ventas de libros al exterior en el 2009, en su conjunto, alcanzan un ingreso por algo así como 4 millones 25 mil dólares. Es decir, poco menos de un tercio que el valor de las importaciones de estos mismos productos, para el mismo período (11 millones 420 mil dólares). En este sentido, y ya que no me detuve a revisar otros productos exportados que cupieran bajo el alero de lo que genéricamente llamamos y entendemos por cultura, parece que este rubro tiene poca incidencia en las cifras (macro) económicas. Y eso seguramente siempre ha sido, es y será así. No sólo en Chile. Y, tal vez, no debería preocuparnos mucho, pues la cultura tiene una tremenda dimensión intangible y transita por rieles distintos a las materias primas, las manufacturas y esas cosas.

Gonzalo Marín, coautor con Adrian Gouet del libro
"Memorias de un perro escritas por su propia pata", en Feria del Libro de Guadalajara 

Distinta situación ocurre cuando analizamos aquellos elementos culturales que reconocemos como propios y que nos lo agradecen en Sudáfrica, tanto como en Australia, Francia o Canadá. Tengo la sospecha que se podría hacer un no despreciable listado con creaciones autóctonas que han traspasado nuestras difíciles fronteras físicas al revisar canciones, poemas, novelas, pinturas, dichos populares, comidas o, incluso, palabras. A propósito de vocablos, una anécdota. Al final de una entrevista televisiva, al chileno Roberto Matta le pidieron que se despidiera de sus compatriotas pronunciando algunas palabras; qué dijo el singular artista: “poto”. ¿Será este término, con el sentido y uso que le damos en Chile, uno de aquellos productos culturales de exportación?

Sin duda, en nuestras tierras han nacido creadores y artistas que nos han hecho reconocibles en el resto del mundo. Entre otros, el propio Matta, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Violeta Parra, Osmán Pérez Freire, Víctor Jara y muchos más ocupan un sitial de honor en este aspecto. Y nunca les estaremos lo suficientemente agradecidos. Es cosa de escuchar “Te recuerdo Amanda” en sueco o de ver un video de los famosos tres tenores (Pavarotti, Carreras y Domingo) cantando el “Ay ay ay” para comprender lo que señalo (https://www.youtube.com/watch?v=_hLOaKGhCGc).

Sin embargo, hay productos culturales originarios de Chile que, pese a las comunicaciones globalizadas de hoy, no hemos dimensionado como corresponde porque simplemente desconocemos las alturas a las que han llegado. Constituyen parte de nuestro patrimonio inmaterial que nos identifica ante el mundo y que es valorado en las más alejadas latitudes. Incluso, nos podemos sorprender al observar o escuchar a reconocidos personajes que lo recrean, bien allende Los Andes, como en el entorno del Mar Mediterráneo, por ejemplo.

Italia, desde siempre creo, es reconocida como una tierra en que el canto (y el del bueno) ha tenido creadores y cultores de excepción. Tanto en la música llamada docta como en la popular. En este último ámbito, quienes tenemos algunas décadas de vida (ni tanto tampoco, eh), recordamos incluso toda esa avalancha que tuvo en el Festival de San Remo su más extraordinario fomento. En ese certamen, en las décadas de los sesenta y setenta, cada año se presentaban diez o más canciones y todas se transformaban en éxitos. Lo mismo ocurría con los cantantes, fueran hombres o mujeres.

Plaza Venecia (centro de Roma)

Pues bien. Precisamente al despuntar los años setenta, en Italia se hizo reconocido en forma masiva un artista llamado Claudio Baglioni. Tanto, que su sello discográfico le pidió que grabara algunos temas de San Remo para que adquirieran mayor difusión y fama (y se vendieran más, por supuesto). Así tuvimos la oportunidad de escuchar, también en español, a este romano de nacimiento con una canción que muchos deben recordar: “No puedo enamorarme más”. Baglioni, que es toda una institución musical en Italia, también se (nos) ha dado el placer de recrear grandes temas de otros autores, como ocurre con “A salty dog”, una de las agradables composiciones del grupo inglés Procol Harum. Pero no es el único ejemplo.

En efecto. He tenido la oportunidad de ver el extracto de un programa de la televisión italiana, de algunos años atrás, en que Claudio Baglioni, con mucha emoción y acompañado de, en ese entonces, un Inti Illimani no separado (oh, paradoja), interpreta “El pueblo unido jamás será vencido”, del músico chileno Sergio Ortega.

Hace unos meses, un amigo con el que llevamos adelante iniciativas patrimoniales, Luciano Ojeda, escribió sobre un descubrimiento que hizo de una hermosa obra: “The People United Will Never Be Defeated, 36 Variations on a Chilean Song”, del compositor norteamericano Frederic Anthony Rzewski. Ya en el título se reconoce su origen por estos lares. Se trata, ni más ni menos, de variaciones para piano de la misma canción de Sergio Ortega que canta Baglioni y que se puede escuchar en Italia, México, España o Alemania: “El pueblo unido jamás será vencido”. He ahí, pues, uno de esos ejemplos de creación que, con indiscutible tinte y paternidad de un connacional, viajan y nos hacen reconocidos en el mundo. Son lo que llamo patrimonio de exportación.

Por estos días, en Chile, tal vez algunos sientan añoranza o rabia o pena al mirar el video que sugiero. No lo discuto y no es mi intención deprimir a nadie. Tampoco deseo abrir heridas ni nada de eso. Sólo pongo el acento en un hecho: hay creaciones culturales, con clara impronta local, que han trascendido nuestras fronteras, que van más allá de las clásicas referencias que solemos hacer a los artistas nacionales más conocidos, que han pasado a formar parte del inventario patrimonial de la humanidad (o buena parte de ella). Así, a Neruda, Mistral, Violeta o Valparaíso, también debemos unir estas obras que son interpretadas en los lugares más disímiles del mundo y que nos hacen, sobre todo en estos tiempos, reconocibles ante otros ojos, otros oídos, otras sensibilidades.

Ya lo indicaba más arriba. Hay productos (si pueden llamarse así) que no estarán nunca en una ninguna lista de aduanas. No sumarán ni restarán números en una balanza comercial (salvo en la cantidad de placas que crucen las fronteras o de actuaciones de algún artista en el extranjero). No. Pero, por su mismo carácter inmaterial, por su condición de alimentador del espíritu o de las esperanzas, estas creaciones culturales intangibles, que llegan y son acogidas por tan vasto público en el mundo, también forman parte de nuestras exportaciones. Y vaya que se agradece.

Video subido a Youtube por el usuario MaxuccioTV

El pueblo unido jamás será vencido
(Sergio Ortega)

De pie, cantar
Que vamos a triunfar
Avanzan ya
Banderas de unidad
Y tú vendrás
Marchando junto a mí
Y así verás
Tu canto y tu bandera florecer
La luz
De un rojo amanecer
Anuncia ya
La vida que vendrá

De pie, luchar
El pueblo va a triunfar
Será mejor
La vida que vendrá
A conquistar
Nuestra felicidad
Y en un clamor
Mil voces de combate se alzarán
Dirán
Canción de libertad
Con decisión
La patria vencerá

Y ahora el pueblo
Que se alza en la lucha
Con voz de gigante
Gritando: ¡adelante!
¡El pueblo unido, jamás será vencido!
¡El pueblo unido jamás será vencido!

La patria está
Forjando la unidad
De norte a sur
Se movilizará
Desde el salar
Ardiente y mineral
Al bosque austral
Unidos en la lucha y el trabajo
Irán
La patria cubrirán
Su paso ya
Anuncia el porvenir

De pie, cantar
El pueblo va a triunfar
Millones ya,
Imponen la verdad
De acero son
Ardiente batallón
Sus manos van
Llevando la justicia y la razón
Mujer
Con fuego y con valor
Ya estás aquí
Junto al trabajador

Y ahora el pueblo
Que se alza en la lucha
Con voz de gigante
Gritando: ¡adelante!
¡El pueblo unido, jamás será vencido!
¡El pueblo unido jamás será vencido!

jueves, 25 de mayo de 2017

Las cartas amarillas de Carmen Arriagada a Rugendas

“Tú, por quien yo vivo”

“Una carta de amor, en que oigas el grito que de lo íntimo del corazón de tu Carmen te dice que te ama, que te idolatra, que tú únicamente posees todos sus afectos…”.

Carmen Arriagada García nació en 1807, en Chillán. Es decir, en el tramo final del período colonial. Su padre fue un acaudalado político y militar, partidario de la causa criolla y del liberalismo, que conoció y fue amigo de algunos de los más importantes próceres de la emancipación, partiendo por el propio Bernardo O’Higgins. Por lo mismo, Carmen tuvo buena educación y se vinculó con la incipiente intelectualidad que dio forma a la novel república.

El carácter liberal de la familia Arriagada García motivó que el papá no se opusiera al temprano casamiento de la hija, cuando recién tenía 17 años (1825), con un oficial de origen alemán: Eduardo Gutike. Muertos los padres, y desafectado el esposo del ejército chileno por haber militado en el bando pipiolo, vencido por los conservadores en Lircay (1830), el matrimonio Gutike-Arriagada se va a vivir al sur, a Linares primero y, después, a Talca.

Imagen de la izquierda, el lugar de Talca donde falleció Arriagada. 
Imagen de la derecha, retrato de Carmen Arriagada por Rugendas 

En 1835 arribó a Chile, procedente de México, el pintor alemán Juan Mauricio Rugendas. Rápidamente se codeó con la elite y el escaso ambiente cultural local, tanto de Santiago como de provincia. Por lo mismo, de viaje al sur para retratar las costumbres del pueblo mapuche, recibió una invitación de Gutike para que visitara su casa en Linares. Ahí empezó todo, de inmediato.

No fue un mero hecho de atracción física. El flechazo de Carmen con el artista, hasta donde sabemos, tuvo que ver también con sus vuelos intelectuales, pues Rugendas la surtía de conversaciones y literatura novedosa e interesante. Fueron unas cuantas las veces que el retratista visitó al matrimonio en la casa de Talca, hasta que volvió definitivamente a Alemania en 1845.

En el intertanto de las visitas talquinas, y hasta 1851, Rugendas y Arriagada mantuvieron contacto epistolar, sobre todo ella, en que dieron cuenta del amor trasgresor entre ambos. Pero también las cartas de “la esposa infiel” permiten escudriñar en las características de la sociedad chilena de la primera mitad del siglo XIX, desde la perspectiva de una mujer de avanzada para la época, lectora empedernida (y en varios idiomas), gustosa de la conversación, impulsora de los periódicos y partidaria del igualitario Francisco Bilbao. Quizás por lo mismo, no es extraño que haya plasmado en letras algo más bien propio de una mujer de nuestros tiempos: “Daba mil gracias a Dios de mi infecundidad”.
 Autorretrato de Mauricio Rugendas (1827)

Las epístolas de Arriagada la ubican dentro del selecto, pequeño y primer grupo de mujeres escritoras nacionales. Más aún: como señala Leonidas Morales, dichas cartas no son solo una declaración al amor ausente, pues “En Carmen Arriagada el objeto ausente del deseo (un imaginario construido con materiales que provienen sobre todo de lecturas, que fueron vastas) es un orden social, político y cultural moderno, donde las rutinas de la vida cotidiana estén sometidas a las pautas de la superioridad ética y no a las del interés mezquino; a las de la inteligencia, la sensibilidad, los valores estéticos, conciliadas estas pautas con la libertad, y donde la mujer no sea una voz borrosa y de trasfondo, más cerca del decorado que del protagonismo, sino un interlocutor con plenos derechos dentro de un diálogo social, político y cultural, público y privado”.

Y ahí están las cartas. Testimonio de una época, de una sociedad, de una mujer que subvierte lo establecido, de una talquina plena de los ideales del romanticismo decimonónico… Una mujer que no esconde sus sentimientos al pintor Rugendas, su amor terrenal verdadero, al que señala que “… en medio de los tormentos de un amor incompleto, me consuela la idea de que al menos lo que gozamos de él no nos deja en vergüenza ni remordimiento y que, así como te amo, puedo amarte hasta el último instante de mi vida”.

El pintor alemán murió, recién casado en su Alemania natal, en mayo de 1858, mismo año en que falleció el esposo de Carmen Arriagada, la escritora que se quedó así con su viudez y su amor platónico difuminado en esquelas que han sido rescatadas y publicadas hace pocos años.

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No conozco físicamente las cartas de Arriagada que, seguramente, deben tener la pátina amarilla del tiempo… Sin embargo, y como aquí escribo de cosas relacionadas a la música, confieso que la historia de la talquina y el pintor Rugendas me trajo a la memoria esas otras cartas de amor a las que hizo referencia la potente y bella voz del español Nino Bravo.


Cartas amarillas
Autor: Juan Carlos Calderón
Canta: Nino Bravo

Soñé que volvía a amanecer
soñé con otoños ya lejanos
mi luz se ha apagado
mi noche ha llegado
busqué tu mirada y no la hallé.

La lluvia ha dejado de caer
sentado en la playa del olvido
formé con la arena
tu imagen serena
tu pelo con algas dibujé.
 
Y busqué entre tus cartas amarillas
mil te quiero, mil caricias
y una flor que entre dos hojas se durmió
y mis brazos vacíos se cerraban
aferrándose a la nada
intentando detener mi juventud.

Al fin hoy he vuelto a la verdad
mis manos vacías te han buscado
la hiedra ha crecido
el sol se ha dormido
te llamo y no escuchas ya mi voz.

Y busqué entre tus cartas amarillas
mil te quiero, mil caricias
y una flor que entre dos hojas se durmió
y mis brazos vacíos se cerraban
aferrándose a la nada
intentando detener mi juventud